...y la nueva constitución el Corán. Olvídese estimado lector de la mención de Dios en la constitución y de la Pachamama, Rafael Correa es el profeta.
Noticia en El Universo: Obispo no siguió oyendo a Correa
El presidente de la República, Rafael Correa, volvió ayer a criticar en duros términos a la Iglesia católica y acusó a los prelados de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE) de haber promovido en una carta enviada al presidente de la Asamblea Constituyente la unión de hecho entre homosexuales y luego echarse para atrás. Por ello llamó a los fieles “a que lean y busquen la verdad en la nueva Constitución”.
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A esto, agregó: “¿Por qué se está mintiendo, qué es lo que se busca? El evangelio dice: La verdad os hará libres, ¿qué es lo que se busca?, y repito, en el siglo XXI se busca catequizar adultos, eso es un concepto ya anacrónico. No compatriotas, reflexionemos antes, busquemos la verdad juntos”.
El Federalista: Nótese como Rafael Correa, se viste de profeta y exige con voz de Moisés que los ciudadanos "lean y busquen la verdad en la nueva Constitución" como si de las tablas del Sinaí se tratase, como si el pueril texto constitucional fuese la verdad del Talmud. Rafael Correa nos pide un acto de fe, nos pide que "juntos" busquemos la verdad dentro del límite de los 444 artículos de la Carta de la Esclavitud, toda otra lectura es herética y va contra el evangelio socialista.
El Génesis de la nueva constitución nos dirá quienes son los dioses: el Estado en su primer artículo y la Pachamama como diosa madre en el preámbulo (a falta de mencionar a Yahvé o Jehová sólo puede inferirse esto). Lo que sigue son cientos de mandamientos que el ciudadano debe cumplir para autosacrificarse y enaltecer al Dios Estado, a sus profetas planificadores sociales, a su sacerdocio vestido de ciudadano, a sus cofrades privilegiados y sus insulsos monaguillos tirapiedras.
Al nuevo Dios Estado, como si fuese un sanguinario culto maya, habrán de sacrificarse los bienes más preciados de las personas: sus libertades, sus propiedades, sus derechos, sus vidas incluso; todo en aras de satisfacer al sacerdocio socialista del Siglo XXI más parecido a la barbarie del Siglo XXI a.C., sacerdocio que nos compensará con el paraíso igualitario donde convive el león con el cordero, todos seremos pobres pero iguales, pese a que el sacerdocio gubernamental y sus beneficiados vivirán cual reyes persas.
La nueva Biblia ciudadana, la nueva constitución, la Carta de la Esclavitud, tiene pensados también diversos castigos y purgatorios para los disidentes, los opositores, los librepensadores, los individualistas, los iusnaturalistas, en fin, para todos aquellos herejes que profesan en catacumbas su apego a la libertad individual, el Estado de Derecho y la igualdad ante la ley. Para ellos habrá un infierno de regulaciones sobre libre expresión, prensa, propiedad privada, comercio, moneda, educación, banca, justicia, notarías y registradurías, libertad de culto. El nuevo Corán declara la Yihad contra la libertad y los infieles que se obstinan en profesarla. Correa el profeta, usará todo el poder que el libro sagrado constitucional le ha dado para confiscar los medios y propiedades de estos herejes y limitar su libre expresión.
Pero la teocracia estatista necesita de fieles que obedezcan y no deliberen, para eso estará la educación pública, la única porque otras religiones o fines privados en ella serán eliminados, la que fomentará los valores "ciudadanos" de ecologismo (culto a la Pachamama) y socialismo (culto a Taita Estado). Pese a ello, será necesario asegurarse el poder mediante un cuerpo de eunucos con funciones especiales ¿cuáles? las de la Función de Control Ciudadano, estos serviles serán elegidos de entre los más fieles levantamanos del gobierno y de entre los que se postulen, asegurando así una mayoría afín al sumo sacerdote, mayoría que a su vez elegirá a los obispos de las otras funciones de control, en la práctica otros eunucos serviles de alto rango que controlarán a los ciudadanos y no al poder.
El paraíso socialista se avecina, no sin antes un Apocalipsis sobre el Estado de Derecho desfalleciente, el Ragnarok, la caída final, el día del juicio, donde la bestia y su número (444) será, según los sacristanes redactores de la Carta de la Esclavitud, quien descabece a los tribunales de justicia a través de transitorias, se arrope de plenos poderes y reviva a los asambleístas para que ilegalmente asuman poderes legislativos, pese a haber terminado sus vidas de asambleístas y sus cráneos vacíos ahora rebocen de gusanos (bueno antes también). No será el Mesías sino la puta de Babilonia la que habrá triunfado luego del fin de todas las cosas.
"Busquemos juntos la verdad" dice el profeta, ¿cuál verdad? su verdad, la que está en la nueva Torá constitucional, verdad que será antojadizamente interpretada por los sacerdotes de la teocracia. Esta es la verdad: cilicio para las personas y poderes omnímodos para la casta gobernante.