Monday, May 29, 2006

Opinión: Estructuralmente fascistas

Artículo en El Comercio: Estructuralmente fascistas por Fabián Corral B.

No nos engañemos, el neopopulismo que prospera ahora en América Latina nada tiene de democrático. Es estructuralmente fascista y totalitario, excluyente y dogmático. Le incomodan los adversarios y odia a la oposición. Las elecciones son el parapeto para acceder al poder y quedarse allí por largo tiempo. Sus caudillos no creen en la división de las funciones del Estado. Al contrario, concentran poder, dominan a las instituciones, manipulan el derecho e imponen su única voluntad, en el mejor estilo del viejo dictador del Caribe.
Como el discurso que manejan es el que les encanta a las masas, resulta fácil suscitar sus simpatías. Es que son los redentores que salvarán a los pobres de históricas explotaciones, que se cobrarán la cuenta de los resentimientos sociales y de los complejos de frustración. Son los tardíos vengadores de la distante conquista española; los que elevarán, otra vez, a las antiguas culturas que perdieron todo ante la arremetida de puñados de mínimos aventureros audaces y decididos.
La democracia es la piel que usan y la literatura con que se adornan estos caudillos. Ni la libertad ni la tolerancia están en el inventario de sus valores. Se sienten iluminados, son mesiánicos, y creen, con la primaria fe del carbonero, que están cumpliendo la misión divina de evangelizar en los dogmas del "neo socialismo" a los infieles que siguen las pautas de la economía de mercado y a todos los que no se inclinan ante ellos.
Las ceremonias de ascenso al poder de estos personajes son curiosos ritos de coronación donde no faltan, claro está, ni el pueblo de los siervos que les aclaman, ni las manos extendidas, ni las insignias y las banderas. ¿Recuerda usted, lector, la coronación de Evo Morales en Bolivia y la de Chávez en Venezuela, o las más distantes de Ortega en Nicaragua?
Son ceremonias de iniciación, no son formalidades democráticas.
Todos estos caudillos llegan al poder con la consigna de quedarse. Así, igual que Chávez, Morales ya propone reformar la Constitución boliviana al corte y medida de sus afanes de poder, a fin de reelegirse indefinidamente. Para eso sirven las “asambleas fundacionales” tan de moda por acá también. Así se construyen dictaduras manipulando la democracia liberal. Es el modo de dominar y someter con la máscara de libertades públicas.
Es la forma de hacer de las elecciones un instrumento. Descubrieron el sabio recurso para instalarse definitivamente y lograr, por fin, que el tercermundismo sea ya no la queja perpetua, sino un sistema de gobierno que, además, goza de las simpatías propias de la ingenuidad de académicos y teóricos del primer mundo, que ven en estas tierras el espacio mejor para ensayar sus sueños y escribir sus experiencias.
El doble discurso de libertades para el pueblo, reivindicaciones históricas, nostalgias de derrotas antiguas, alude con escalofriante parecido a lo que Mussolini proclamaba para levantar el ánimo de italianos sin esperanza.
Léanse sus proclamas y recuérdense sus gestos. El fascismo y los fascistas fueron, en los años iniciales, lo más popular que había en Europa. Con fascismo y fascistas había llegado el nuevo tiempo, como ahora parece haber llegado por acá el tiempo de boinas, banderas, discursos y multitudes sumisas que saludan.

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