Se cumplen 50 años del cierre de Kolymá, el mayor complejo de exterminio de la URSS.
Un infierno de hielo sobre la tierra
«Ningún ser humano debería ver lo que yo he visto, ni siquiera saber de ello. Y si lo ha visto, lo mejor es que muriese pronto». Varlam Shalámov, el autor de 'Relatos de Kolymá', escribió estas palabras después de pasar 17 años enterrado en vida en los campos de Kolymá, el rincón más desolado del mundo. Uno podría pensar que, a tenor de la pena impuesta, su historial delictivo fuera el de un asesino en serie, un violador reincidente, un genocida. Nada más lejos de la realidad. Shalámov pasó la mayor parte de su juventud en el mayor complejo de campos de concentración de la extinta Unión Soviética perteneciente al Gulag, acrónimo de Glavnoie Upravlenie Laguerés (Dirección General de los Campos). ¿Su delito? Divulgar el polémico testamento de Lenin, lo cual, a los ojos de su sucesor Stalin, le convertía en un traidor, un conspirador, un disidente.
Exterminio programado
Las Solovki: Un santuario ortodoxo convertido en el primer campo de trabajo. Fue un banco de pruebas para ensayar métodos que se llevaron a la práctica en otros lugares.
Vorkuta: 160 kilómetros al norte del Circulo Polar Ártico. Llegó a albergar a 50.000 reclusos y 15 minas dedicadas a la extracción de hulla. Reclutaban a los guardias por tres años tras el servicio militar.
La 'Vía Muerta': Cientos de kilómetros de vía férrea a partir de las desembocaduras del Obi y el Yenisei. Sin planos, sin proyectos, sin estimación económica... Miles de personas murieron por unos trenes que jamás llegaron a circular.
Canal Mar Blanco-Mar Báltico: Presos políticos y campesinos represaliados abrieron en veinte meses con palas, picos y hachas un canal de 227 kilómetros, con 19 esclusas.
Yakutia: El gulag estalinista mantuvo aquí 23 campos de trabajo, de donde se extraían diamantes, oro y materias primas. Allí está Verjoyansk, el lugar más frío del planeta, donde se han alcanzado los -64,8º.
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